El airbag y sus peligros

“El enemigo está en el interior”. Este podría ser el título del infortunio de Isaac, cliente que tuvo un accidente “leve” por alcance con consecuencias nefastas para su vida. Perdió la visión de un ojo a causa del anómalo funcionamiento del airbag.

 

Sucedió a finales de 2018. Y el siniestro fue culpa del lesionado. En una retención no frenó a tiempo y, dado que la colisión se produjo con su frontal sobre la parte trasera de otro turismo, saltó el airbag del conductor. Y si bien dicho sistema está previsto para evitar lesiones graves en la cabeza del usuario, al abrirse la trampilla de la bolsa, la eyección fue defectuosa, provocando la rotura del anagrama de la marca, anclada sobre el volante. Esto hizo que se fracturase en multitud de trozos, con la mala suerte de que uno de ellos fue a clavarse en su ojo. Tras esto, fue trasladado e intervenido hasta en cuatro ocasiones, pese a lo cual nunca recuperó la visión.

 

Cierto es que se trata de un hecho inédito, único a nivel mundial (no se tienen registros de algo parecido). Pero no por ello ha de resultar admisible. Se trató de un error de diseño (ubicación y modo de anclaje del logotipo) y, sobre todo, por el defectuoso comportamiento del propelente, que, por causas de la humedad y la temperatura (a consecuencia del transcurso del tiempo), cambió su comportamiento y desarrolló una altísima presión. Así lo dispuso un ingeniero técnico experto en la materia tras un minucioso estudio del caso y sus elementos.

 

La marca, ante el temor del coste que supondría que tal noticia saliese a la luz (cambios en diseño, protocolos de revisión y llamada a todos los propietarios para adecuar sus sistemas), no dudó en compensar al perjudicado, quien ha sido indemnizado con 47.000 €.

 

En los despachos especializados tramitamos cada vez con más frecuencia hechos producidos a consecuencia de productos defectuosos.

 

El Real Decreto 1/2007, de 16 de noviembre, los define como “aquél que no ofrezca la seguridad que cabría legítimamente esperar, teniendo en cuenta todas las circunstancias y, especialmente, su presentación, el uso razonablemente previsible del mismo y el momento de su puesta en circulación”. O dicho de otro modo, hablamos de defectos de seguridad.

 

Cierto es que la tecnología avanza y cada vez es más certera, pero igualmente cierto es que la producción es mayor y, sin olvidar los estándares de seguridad, el fin último es el máximo beneficio económico y, por ende, la reducción de costes. Este conjunto de nuevas circunstancias hace que se eludan posibles casuísticas dañosas. Los vehículos tienen cada vez más vida y más uso, por lo que sus materiales deben perdurar y conservar sus propiedades. Esto no siempre es previsto por las grandes firmas y de ahí la estadística comentada.

 

El consumidor, como usuario final, debe exigir el correcto funcionamiento de lo que adquiere. Y si no funcionan para el fin que han sido diseñados y producen con ello un daño, aquel debe y tiene que reclamar la responsabilidad a fin de ser indemnizado y en aras de evitar que el desgraciado suceso se reproduzca. Alterum non laedere.

 

Noticia airbag en Diario de Sevilla

 

Daniel Nevado Portero. Socio y director del bufete LIVERITAS ABOGADOS.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Daniel Nevado Potero.
  • Finalidad  Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Su consentimiento.
  • Destinatarios  Liveritas abogados.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad