La HERENCIA

En este artículo me ocuparé tan sólo, en aras de no hacerlo desmesuradamente largo y complejo, de algunos aspectos, los más fundamentales, de la herencia, y no me referiré a las especialidades contempladas por los Derechos Forales (por ejemplo por el Derecho Catalán o por el Fuero de Ayala). La herencia, en España, es mucho más compleja de lo que este artículo permite explicar; baste decir que nuestro Código Civil dedica a las sucesiones más de cuatrocientos artículos.

Fallecida una persona, todos sus derechos y obligaciones pueden transmitirse, mediante la herencia, a sus familiares y allegados; para ello basta que estos acepten la herencia (cualquier heredero puede renunciar la herencia, no aceptarla).

El difunto o causante pudo fallecer con o sin testamento. Para saber si otorgó testamento o, de haberse otorgado más de uno, cuál fue el último de los que otorgó, deberemos solicitar un certificado de últimas voluntades en cualquier Gerencia Territorial del Ministerio de Justicia (https://www.mjusticia.gob.es/cs/Satellite/Portal/es/direcciones-telefonos/ministerio-justicia/gerencias-territoriales). De haber testamento es éste el que, sin perjuicio de los derechos que terceras personas puedan ostentar en relación a su herencia, determina quiénes son los herederos del difunto. Si, por el contrario, no se ortorgó testamento, cualquiera de los herederos puede pedir a un notario que, mediante lo que se denomina declaración de herederos ab intestato, determine quiénes son los herederos del fallecido.

Los herederos, haya o no testamento, pueden ser herederos forzosos o voluntarios; los primeros son quienes, por así disponerlo la ley, independientemente de que lo haya querido o no el difunto, heredan una parte de la herencia, mientras que los segundos heredan por así haberlo dispuesto expresamente el difunto en su testamento. Son herederos forzosos las siguientes personas: los hijos (o, de haber fallecido estos, los descendientes más cercanos en la línea descendente) respecto de sus padres o ascedientes; a falta de estos, los padres y ascendientes respecto de sus padres o ascendientes; en todo caso el cónyuge viudo en los términos legalmente previstos, haya o no hijos o descendientes, padres o ascendientes. Los hijos o descendientes tienen derecho a heredar dos tercios de la herencia, concretamente el tercio de legítima, que se distribuirá entre ellos a partres iguales, y el tercio de mejora, que el difunto puede distribuir entre ellos en la manera que desee y que a falta de disposición testamentaria expresa se distribuirá entre los hijos o descendientes a partes iguales. Los padres o ascendientes tienen derecho a heredar la mitad de la herencia; y el cónyuge tiene derecho a heredar el usufructo vitalicio del tercio de mejora si concurre con hijos o descendientes, el usufructo de la mitad de la herencia si, faltando hijos o descendientes concurre con padres o ascedientes y, faltando hijos o descendientes y padres o ascendientes, el usufructo de dos tercios de la herencia. De la parte que, según los casos antedichos, reste, el difunto puede disponer libremente, dejándosela a quien desee, sea o no alguna de las personas antedichas; si no otorgó testamento o, habiéndolo otorgado no dispuso de dicha parte, se atribuirá igualmente, en las proporciones anterirmente expresadas, a los herederos antedichos.

Si el difunto no otorgó testamento o éste fue anulado la ley establece quién le herederá: principalmente herederán los hijos o descendientes; a falta de estos heredarán los padres o ascendientes; faltando también estos últimos heredará el cónyuge que haya sobrevivido al difunto; de no haber tampoco cónyuge superstite heredarán los parientes colaterales hasta el cuarto grado; y, faltando también estos, heredará el Estado Español.

De haber testamento o, no habiéndolo, si se hizo la oportuna declaración de herederos ab intestato, los herederos deberán ponerse de acuerdo para, mediante la oportuna escritura notarial de aceptación y adjudicación de la herencia, repartirse ésta. A falta de acuerdo podrá acudirse a las posibilidades contempladas por los artículos 1005 del Código Civil (que establece que si alguno de los herederos no acepta ni repudia la herencia cualquier interesado podrá acudir al notario para que éste comunique a dichgo heredero que tiene un plazo de treinta días naturales para aceptar o repudiar la herencia, entendiéndose, si no manifiestare su voluntad en dicho plazo, que acepta la herencia pura y simplemente) y 1057 del Código Civil (que establece que el causante podrá encomendar a una determinada persona el reparto de la herencia, que, a falta de ello, el secretario judicial o el notario, a petición de herederos y legatarios a quienes corresponda, como mínimo, el cincuenta por ciento del haber hereditario podrán designar, con citación de los demás interesados si su domicilio fuese conocido, una persona que reparta la herencia, y que, salvo que todos los herederos y legatarios manifiesten su conformidad con este reparto, éste requerirá aprobación del secretario judicial o el notario), o también, alternativamente, al procedimiento judicial de división de la herencia regulado en los artículos 782 a 805 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

Autor: Luis García Martínez de Simón, abogado y socio en Liveritas Abogados

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